jueves, 16 de diciembre de 2010

Pensamiento

El pensamiento mesopotámico se encuentra contenido en hechizos, himnos, oraciones y rituales. Aunque también hay que tener en cuenta los diferentes y numerosos mitos que constituyen una indudable fuente de información a este respecto, pero que han de ser interpretados y no es tarea fácil discernir entre los que contienen explicaciones veraces y aquellos que forman parte de encantamientos y de rituales de fiestas religiosas, que contenían episodios expresados mediante gestos. Estos textos ponen de manifiesto diferentes mentalidades: sumerios, semitas... Cada uno impregnó sus concepciones con un nuevo espíritu. Tanto babilonios como sumerios aceptaron la identidad del nombre y de la cosa significada, para ellos el tener un nombre era sinónimo de existir, además el conocimiento de los nombres divinos tuvo una enorme resonancia

Desde los tiempos en que surgen las primeras ciudades, hace ocho mil años, en Mesopotamia, la historia de la humanidad se identifica con la historia del imperialismo. En el momento en que una ciudad prospera lo suficiente como para poder subyugar a otra y así crear más riqueza para ella misma, esa ciudad no vacila en hacer la guerra. Más tarde las naciones hacen lo mismo, y así lo hacen hoy los bloques internacionales. Es la regla. Por eso, muchos libros de historia son simplemente un listado de guerras y luchas por el poder.
Estamos relativamente bien informados a través de incisiones cuneiformes escritas en tablillas de barro que la arqueología hoy desentierra en grandes cantidades en todo el valle. Esas tablillas contienen informaciones preciosas sobre la forma en que los campesinos de Mesopotamia interpretan su vida. La historia que cuentan es casi invariablemente la historia de los dioses, llena de bebederas y combates, victorias y grandezas, verdadero espejo de la vida de los grandes de la tierra. No faltan dioses ni diosas, ni en el cielo ni en la tierra, ni en los infiernos. Se cuenta hasta 1800 divinidades, con las cuales el campesino dialoga sumiso y lleno de reverencia. La única cosa que puede esperar de su dios (de su señor) es la generosidad, una ayuda en la extrema necesidad. Él acostumbra a vivir lleno de miedo.
Para el imaginario imperial, el mundo es una gran organización de templos. Cada dios, de los 1800, tiene su templo. Con el imperio babilónico emerge un dios mayor que todos los demás: Marduk, imagen celeste del emperador. Él transforma Babilonia en el centro del mundo. Su templo controla gran parte de las tierras mejores del valle e impone tributos sobre toda la producción. Los esclavos de la tierra en realidad son esclavos del gran dios Marduk. A los ojos del pueblo, al rey le viene su poder del hecho de ser ministro de los templos. Él va de ciudad en ciudad, o sea, de templo en templo.

Bibliografía:

Historia 1, Rosalía Velázquez Estrada, Publicaciones cultural, 2003, D.f.

Paginas consultadas:

http://latinoamericana.org/2005/textos/castellano/Hoornaert.htm
http://mundofilosofia.portalmundos.com/mesopotamia-y-la-representacion-del-universo-babilonios-y-sumerios-ante-el-origen-del-cosmos/



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